No deja de ser curioso como cientos de personas más o menos conocidas definen en estos días previos a las elecciones su posición de voto, videos, entrevistas, blogs son los medios que usan o usamos para hacer público a quien vamos a votar o incluso a quien no lo vamos a hacer, es evidente, que esto se realiza con la única intención de condicionar al resto de ciudadanos si no fuera así no tendría ningún sentido.
Como bien saben quienes me siguen desde mi anterior blog, yo mismo entre en ese juego en las pasadas elecciones municipales, algo que el amigo Matías ha vuelto a repetir también en las nacionales, esta vez no he tenido fuerzas para aburrir al personal con cuatro o cinco post de porque no voy a votar ni al PP ni al PSOE ni por supuesto a IU, aún dudo a quien votare, por lo cual tampoco podría expresar a quien lo voy a hacer, mis dudas y reflexiones solo llevarían a crearme enemistades y debates que a nada conducen aunque algunos ya han entendido que nade me gusta mas que debatir.
Quienes nos sentimos orgullos de definir la ideología como un insulto a través del cual nos etiquetan desde posiciones decimonónicas tan alejadas de la situación real del siglo XXI, agradecemos a quienes como Vargas Llosa han compartido esta posición definiendo a la ideología como “ficción peligrosa por su falta de realidad”, no podemos ejercer nuestro derecho al voto por una absurda ambivalencia que ha promovido esa dicotomía entre izquierda y derecha, conceptos de posicionamiento en una sala que se han convertido en compartimientos estancos, donde uno no puede salir sin sufrir en sus carnes los peores reproches y que acaba proclamando sencillamente la división del pensamiento de los seres humanos, por supuesto, de manera artificial.
Durante mis treinta y cinco años de vida, evidentemente desde los dieciocho años que marca la edad legal para votar, he mantenido una máxima a la hora de ejercer el voto la necesidad de los cambios, son buenos por si solos, la alternancia fue un primer logro, una realidad de nuestra breve historia democrática es que casi veinte millones de españoles votan simplemente por “disciplina” de partido, suelen ser un millón de quienes ejercen su derecho al voto quienes deciden.
En segundo lugar apareció la necesidad de acabar con la “desproporcionalidad” de los votos en ciertos territorios de nuestro país, nunca antinacionalista, siempre me pareció inteligente como en algunos lugares se vota distinto en función de cuales sean las votaciones, territoriales o nacionales, con un único fin obtener resultados positivos para ellos, entonces decidí que debía poner énfasis en lograr que mi voto defendiera esa postura, lograr una reforma de la ley electoral.
Finalmente en estas elecciones, sin olvidar las dos premisas anteriores, añado la necesidad de escuchar nuevas voces en el parlamento que como mi último voto en las elecciones nacionales ha demostrado pueden hacerse escuchar y mucho a pesar de las injerencias de los grandes medios de comunicación, sin lograr el premio de obtener prebendas ha situado de manera eficiente en la arena pública debates impensables hace cuatro años. Por supuesto no quiero olvidar, aunque espero que entendáis lo de personal que tiene este punto, la necesidad de comenzar la regeneración democrática que todos pedimos por las propias estructuras de los partidos que dicen defenderla, escuchar al candidato del partido que gobierna hablar de reforma de la ley electoral quien no es capaz de someterse a las urnas en su propio partido hunde cualquier propuesta.
En esas estamos, decidiendo a quien votar, lo haré seguro de manera distinta en el Senado que en el Congreso, por motivos obvios, el Senado, ya es popular pase lo que pase el domingo, soy de quienes no creen en las encuestas por ello pienso que no todo el pescado esta vendido.

